miércoles, 23 de enero de 2008

Sí, el de Brokeback Mountain


La casualidad ha hecho que siga hablándoles de cosas tan poco favorecedoras como la muerte. Una vez una amiga, hoy muerta, me dijo aquello de que "la muerte a nadie le sienta bien". Un jefe vetusto, tanto como inteligente, me enseñó una frase grave y certera: "se está muriendo gente que antes no se moría". Ahora le tocó a esta joven promesa del cine del buen gusto, Heath Ledger, que proviene de ese país prometedor, Australia, en donde velan a las nuevas promesas antes de que reciban los beneficios del bienestar. Con 28 años apenas te da tiempo de saborear la vida. Claro que este apuesto joven quiso, quizás, saborear el lado más amargo para espantar así los sinsabores de dios sabe qué. No voy a hablarles de los motivos que han saltado a los breves de las agencias, ni de las lágrimas que, dicen, se han soltado en Hollywood. Voy a decirles que al menos este joven sembró su árbol, con nombre propio, me dijo verdades en el cine e hizo que volvieran a relamirse los amantes de los clásicos al contemplarle seductor y grosero dentro de la pantalla. Por cierto, lo encontraron muerto porque su masajista fue a visitarle. Ni siquiera los masajistas....lo dejo así. Agrego un trailer para los nostálgicos

martes, 22 de enero de 2008

Resucitó en su propio velatorio


Dicen los que allí estaban, que el octogenario chileno, en mitad de su propio velatorio, golpeó la tapa del ataud y pidió agua. Qué les voy a decir de esta noticia que acabo de leer en la prensa. De repente me acordé de García Márquez, y no voy a contarles por qué; incluso el recuerdo me llevó a alguna de las maravillosas y marineras casas de Neruda o a cualquiera de los murales enormes de Mistral. Incluso diré más, Nancy Guzman, trabajadora y periodista relató en un libro-entrevista las Confesiones de un torturador de la dictadura más horrenda de la América de hoy-bueno, rectifico, horrendas debieron de ser todas-. La literatura y la realidad, en esas cosas pensé cuando leí este titular: Un octogenario chileno se despierta en medio de su porpio velatorio. Dice más el diario: uno de sus sobrinos tuvo que abrir el féretro con un destornillador. Añade: el anciano dice no recordar nada. Mejor que sea así, auqnue cuando se lo recuerden los periodistas caerá en la cuenta de que los suyos quisieorn enterrarlo. Claro, que les digo, que mirando cómo salió en la foto, hemos de certificar que es la imagen misma de la muerte. ¿O no?. En este caso, Feliberto, a sus 81 años, ¡viva en paz¡

El sexo nos hace hombres o mujeres...



...O las dos cosas. Y ambas están en este filme. Quien busque dar de frente con una obra maestra, quien pretenda salir en éxtasis, quien busque despejar sus dudas sexuales, quien busque equivocarse o aburrirse, que se quede. Que no vaya. Las dos cosas, el hombre y la mujer se asoman a esta cinta argentina con extrema sencillez. Asoman los humanos que se hacen género o sexo. Los humanos con barba y con pezones, los humanos que se cansan y sudan sobre el cuerpo del otro. Es una película para asomarse al otro, sin cuestión de sexo, como instinto primario. Pero para decirles algo racional o un motivo firme para que vayan a buscarlo al cine: en XXY se hace un trazado excepcional del hombre en su conjunto y en su dominio: el hombre con sus miedos, el hombre borrando los matices para alojarse definitivamente en lo esteriotipado; el hombre empecinado; el hombre amable e inquieto, el mentiroso, el certero. Vayan a buscar a Darin de nuevo en su terreno: el del mejor cine, el cine del que mira al espectador a los ojos y le dice cosas en los silencios; vayan y quédense alucinados por la mirada y los ojos de una joven íntérprete; Inés Efrón. Casi que no hay ternura fácil y casi que debería de haberla. Pero sí hay que decir que hay textos tiernos y emocionantes, planos perfectos, una banda sonora cruda, sencilla, original y plena. Escaso paisaje, porque el paisaje está en los personajes. Harto especiales. Vayan a buscarlo en XXY. Las dos cosas de Lucia Puenzo

domingo, 20 de enero de 2008

No se den prisa en pasar


O dénsela. Porque no hay tiempo. O es que últimamente el tiempo me obsesiona tanto, que me apresuro a decir que nos resta poco, y el poco que nos queda debemos aprovecharlo. Dense prisa, la misma prisa que nos exige el sonido de un móvil: coge la llamada¡¡, lee las llamadas perdidas para responder¡¡, responde al sms¡¡. Ya no ha tiempo para mirar el reloj y decirte a ti mismo que este sujeto se vuelve a retrasar, y que no puedes irte del lugar de la cita porque lo pierdes. Ya nadie se pierde. Todos estamos interconectados. Hay una red que nos une. Que nos ata, y que nos prescribe una tardía receta de custodia. Estamos vigilados. Si no respondes es porque no te interesa. ¿Se han dado cuenta de que han desaparecido las excusas?. Ya no hay excusas para no conocer, para no saber del otro en el confin. El msn abre el sendero inmediato para el contacto fácil, veloz e íntimo. Ya la intimidad no está en el cuerpo a cuerpo. Ya no hay prisas para pasar adentro. Ya no puedes decir que te echa para atrás su aliento o su sonrisa fácil. Ahora los desagregamos por sus excesivas faltas de €ortografía. Ya no queda tiempo