
Dicen los que allí estaban, que el octogenario chileno, en mitad de su propio velatorio, golpeó la tapa del ataud y pidió agua. Qué les voy a decir de esta noticia que acabo de leer en la prensa. De repente me acordé de García Márquez, y no voy a contarles por qué; incluso el recuerdo me llevó a alguna de las maravillosas y marineras casas de Neruda o a cualquiera de los murales enormes de Mistral. Incluso diré más, Nancy Guzman, trabajadora y periodista relató en un libro-entrevista las Confesiones de un torturador de la dictadura más horrenda de la América de hoy-bueno, rectifico, horrendas debieron de ser todas-. La literatura y la realidad, en esas cosas pensé cuando leí este titular: Un octogenario chileno se despierta en medio de su porpio velatorio. Dice más el diario: uno de sus sobrinos tuvo que abrir el féretro con un destornillador. Añade: el anciano dice no recordar nada. Mejor que sea así, auqnue cuando se lo recuerden los periodistas caerá en la cuenta de que los suyos quisieorn enterrarlo. Claro, que les digo, que mirando cómo salió en la foto, hemos de certificar que es la imagen misma de la muerte. ¿O no?. En este caso, Feliberto, a sus 81 años, ¡viva en paz¡
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