
El otro día oí: "tenía esperanzas de que el reclamo de Telma sentará jurisprudencia". Lo oí de una periodista que no es sopechosa de nada, salvo de defender la honorabilidad de la profesión, y liberarla del escarnio público. Creo que es de las pocas versiones a favor de la petición de la hermana de la heredera, y entonces me dije, menos mal que no soy el único con dicho parecer. Los alarmistas apóstoles de la libertad de expresión en el periodismo de caracter rosa, está claro de lo que se regocijan; lo que profesan, y lo que pretenden a la hora de encaramarse en el púlpito de la libertad del decir y del hacer. Los otros, los que proponemos la limitación de acción, el respeto escrupuloso a la ligislación vigente, el dominio del sentido común, y sobre todo, el que se deje en manos de profesionales licenciados el quehacer periodístico, consideramos que tras esta demanda debe haber una encarecida reflexión acerca de lo que es información necesaria, información marginal, información de interés público, datos u observaciones innecesarios, y datos o informaciones de caracter privado y de nulo interés general o público. La misma periodista antes mentada añadió, y me hizo recordar, que ya un juez sentó jurisprudencia al condenar el comportamiento de un gráfico que trepó y captó una imagen de la Obregón (que también tiene intimidad, luego añado al respecto) desnuda en su casa, sí, dentro de su casa. Gracias a aquel fallo, dijo, ahora no se suben tanto a los árboles y les da rubor tomar imágenes de quien se esconde tras las cortinas (habrá mayor intimidad, claro que ahora me viene a la cabeza la cara de la Mosquera aplastada contra el cristal cuando estaba ingresada, interna, encerrada, dentro de una clínica. añado al respecto de la Obregón: es sabido que muchos camaradas del cuore se apoyan en el postulado básico y ramplón de "ella que lo ha vendido todo, ahora que no venga a reclamar"; "él que ha vendido su vida y su boda al Hola, ahora no tiene derecho a la intimidad". Maldita infamia: no es menester recordar que todos somos iguales ante la Constitución. Hay que releer amenudo el título primero de la carta magna y saber que el ejercicio de de la libertad de expresión acaba en donde empiezan todos los demás. Puedo contar hasta lo que pueda dañar la imagen de un menor; hasta que afecte a la intimidad de una persona; hasta que pueda atentar contra el honor de alguien. Alguien puede interesar en el espacio público, en la calle, inmerso en un acontecimiento noticiable, nunca en el ejercicio de su actividad personal y privada. A todos en algún momento nos han asaltado las dudas, y esas dudas llegan porque nos hemos acostumbrado a ejercer esta tarea sobrepasando, y de manera impune, pero habrá que recuperar las maneras y recordar los límites...
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